Mis amigos Bautista y el Lazarillo siguen recorriéndose el Mediterráneo y, hace poco, se han hecho amigos de un niño saharaui llamado Ahmed. Se comunican por señas porque Ahmed habla árabe hasaní y ellos español chilango, o sea, de la Ciudad de México, el merito español de pepenadores y gente de bajos fondos que ser egodea entre ocinazos, malandras, transacas, carreras, cansones, gorreros, guámbitos, nubarrones, maleteros y pirobos.

Sea como fuere, lo importante es que los tres se conocieron no en el Sáhara ni en México, sino en la mismísima Ilerda romana, la Lérida española o la Lleida catalana, y aquí es donde viene lo importante, ufanos lectores.

Lleida

El nombre original de la ciudad de los ilergetes, pueblo asentado antes de la invasión romana, era Iltirda, cuyos máximos guerreros -que lucharon contra Roma- fueron Indívil y Mandoni. Roma, en particular Julio César, sudó mucho por conquistar esta región en el 49 a.C. en la famosa batalla, y empezaron a cogerle manía.

Con la conquista Romana, el nombre lo cambiaron a Ilerda, que significa tierra de lirios. En Roma, siendo popular la ciudad de Ilerda por la dura batalla y por su clima, tenían una expresión en latín “Ilerdam videas” (que veas Ilerda) que se utilizaba para enviar a alguien “a la porra”. Incluso hoy, la bandera deLleida tiene fondo granate, distintivo de ser zona de difícil conquista.

Vinieron los árabes, y el nombre lo cambiaron por Lareda y de ahí viene el nombre de Lérida. En cambio, en la época medieval, el nombre era Lleyda, de ahí el actual nombre catalán Lleida, para diferenciarlodel nombre árabe-castellano. De la tradición medieval, ha continuado lo que en el resto del mundo se llama el ayuntamiento, que aquí lo tenemos pero con otra denominación “Paería”, y el alcalde se denomima ” Lo Paer en Cap” -jefe paer-.

Desde esta tribuna de moral y buenas costumbres les recomiendo que visiten tan insigne lugar porque además de tener ahoritica mismo al Lazarillo, Bautista y Ahmed, tiene una vibrante vida cultural, una gastronomía exquisita, lugares con farolillos rojos y muchos, muchos bares que Bautista insiste en confundir con tequilerías.

De aquí a poquito, nos iremos todos a Valencia y, de allí, a la magnánima Ciudad de la Luz, Lucentum, o sea, Alicante. ¡Prepárense las alforjas que partimos!