Lo pongan como lo pongan, promover el odio siempre ha sido la máxima de las más influyentes ideologías políticas y creencias religiosas a lo largo de la historia. Por eso la historia de la humanidad es la que es: una pila de atrocidades. Últimamente, sin embargo, la malconocida como corrección política ha hecho que esta maldad se vista con formas de bondad, lo que la convierte en aún más mezquina: un lobo vestido de cordero.

Por todo eso no me deja de llamar la atención cómo a estas alturas –o bajuras– del cuento me desayune con la noticia de que el Ayuntamiento de Ibi (Alicante) y la Delegación del Gobierno aprobaron una manifestación de Alianza Nacional en la localidad juguetera. Comenzará dentro de unas horas. A través de Kaos en la Red han organizado una contramanifestación. Espero que ambas se mantengan como convocatorias pacíficas.

Ibi es un pueblo de unos 25.000 habitantes que desde los años 60 del pasado siglo desarrolló su economía a través de la industria del juguete e industrias subsidiarias y complementarias. Si en los 60 y los 70 eran sobre todo manchegos y andaluces los que llegaron a Ibi a trabajar, en los 90 y primeros años del siglo XXI fueron ecuatorianos, marroquíes y rumanos los que llegaron. Ibi ha sido un pueblo hecho con la inmigración de forma que hoy en día es difícil encontrar a alguien que no tenga en primera, segunda o tercera generación alguien que no haya sido inmigrante.

Ahora la industria del juguete no está pasando por su mejor momento y la desilusión hace que ahora afloren actitudes viscerales que están basadas en la demagogia y la ignorancia. Lo que menos necesitamos es una concentración de este tipo cobijada por nuestras instituciones que la autorizaron -por negligencia o por dejadez o por cualquier motivo.

Creo que los de Alianza Nacional hacen estas convocatorias porque es su única forma de conseguir publicidad. Y desde aquí se la tributo con la condición de que jamás vuelvan a Ibi ni a nuestro circo, el Circo Iberia.